HORA DECISIVA PARA
TODAS LAS NACIONE
Declaración de la Comunidad Internacional
Bahá'í
con motivo del 50 aniversario de Naciones Unidas
Octubre 1995
ÍNDICE
I. VISIÓN DE CONJUNTO: INVITACIÓN A REFLEXIONAR
II. RECONOCER EL CONTEXTO HISTÓRICO:
LLAMAMIENTO A LOS DIRIGENTES DEL MUNDO
III. DEFINIR EL COMETIDO DE NACIONES UNIDAS DENTRO
DEL NUEVO ORDEN INTERNACIONAL
A. Resucitar la Asamblea General
1. Elevar los requisitos mínimos de ingreso.
2. Nombramiento de una Comisión para la fijación de
fronteras y límites.
3. Búsqueda de un nuevo ordenamiento financiero
4. Compromiso con la adopción de un sistema común de
escritura y lenguaje
5. Investigar la posibilidad de una moneda internacional
B. Desarrollar una función ejecutiva apreciable
1. Restricciones al ejercicio del veto
2. Institucionalización de dispositivos militares especiales
3. Aplicación de la noción de seguridad colectiva a otros
problemas que afectan al patrimonio común de la humanidad
4. Conservar las instituciones exitosas de la ONU con funciones
ejecutivas independientes
C. Un tribunal mundial reforzado
1. Ampliación de la jurisdicción del Tribunal
2. Coordinación de los Tribunales temáticos
IV. LIBERAR EL POTENCIAL DE LA PERSONA:
RETO FUNDAMENTAL DEL ORDEN INTERNACIONAL EMERGENTE
A. Promover el Desarrollo Económico
1. Lanzar una campaña decisiva para cumplir la Agenda 21
B. Proteger los derechos humanos
1. Afianzar los dispositivos de Naciones Unidas para la
supervisión, ejecución y seguimiento
2. Alentar la ratificación universal de los convenios internacionales
sobre derechos humanos
3. Garantizar el respeto de los órganos de supervisión de
Naciones
Unidas relacionados con los derechos humanos
C. Mejorar la condición de la mujer
1. Aumentar la participación de la mujer en las delegaciones de
los estados miembros
2. Animar a la ratificación universal de los convenios internacionales
que protegen los derechos de la mujer y mejoran su condición
jurídica y social
3. Planificación del cumplimiento de la Plataforma de Acción
de Pekín
D. Acentuar el desarrollo moral
1. Promover el desarrollo de currículos para la educación
moral
en las escuelas
V. HORA DECISIVA PARA TODAS LAS NACIONES:
LLAMAMIENTO A LOS DIRIGENTES MUNDIALES
Referencias
HORA DECISIVA PARA TODAS LAS NACIONES
Declaración de la Comunidad Internacional Bahá'í con motivo del Quincuagésimo Aniversario de Naciones Unidas.
"La unificación de la humanidad es el sello distintivo de la etapa a que ahora se acerca la sociedad. La unidad de la familia, de la tribu, de la ciudad estado y de la nación han sido acometidas sucesivamente hasta ser del todo logradas. Y ahora es la unidad mundial la meta por la que brega una humanidad hostigada. El proceso de construcción de naciones ha tocado a su fin. La anarquía inherente a la soberanía del estado roza ya su apogeo. Un mundo en pos de su mayoría de edad debe abandonar ese fetiche, reconocer la unidad e integridad de las relaciones humanas, así como establecer de una vez por todas la maquinaria que mejor encarne este principio fundamental de su vida."
Shoghi Effendi, 1936
I
VISIÓN DE CONJUNTO:
INVITACIÓN A REFLEXIONAR
El siglo XX, uno de los períodos más tumultuosos de la historia,
ha estado marcado por numerosas convulsiones, revoluciones y desviaciones
radicales respecto del pasado. Hemos asistido al colapso del sistema colonial
y de los grandes imperios del siglo diecinueve, y hemos sido testigos
del auge y caída de los desastrosos experimentos del totalitarismo,
fascismo y comunismo. El efecto arrasador de algunas de estas convulsiones
no ha podido ser mayor: las víctimas humanas se cuentan por millones,
han desaparecido viejas tradiciones y estilos de vida, e instituciones
consagradas por el tiempo han dejado de ser.
Otros movimientos y tendencias han tenido un cariz más claramente
positivo. Los descubrimientos científicos y las aportaciones al
conocimiento social han dado pie a muchas transformaciones socioeconómicas
y culturales de signo progresivo. El camino ha quedado expedito para nuevas
definiciones de derechos humanos y afirmaciones de la dignidad de la persona,
para oportunidades más amplias de realización individual
y colectiva, y para nuevas vías de avance de la conciencia y conocimiento
humanos.
Estos dos procesos, colapso de viejas instituciones y florecimiento de
nuevas formas de pensar, son prueba de una tendencia única que
ha cobrado ímpetu durante los últimos cien años:
la tendencia hacia mayores niveles de interdependencia e integración
de la humanidad.
Dicha tendencia se observa en una amplia gama de fenómenos, desde
la fusión de los mercados financieros (a su vez reflejo de la dependencia
que la humanidad tiene de fuentes, diversas e interdependientes, de energía,
alimentos, materias primas, tecnología y conocimientos) hasta la
construcción de sistemas de comunicación y transporte mundiales.
Se ve reflejada en la idea científica de una biosfera terrestre
interconectada, idea que a su vez hace urgente la necesidad de coordinación
global. Queda manifiesta, si bien de modo destructivo, en la capacidad
de los modernos sistemas de armamentos, y ello al punto de que con su
potencia, gradualmente desarrollada, hoy le es posible a un puñado
de hombres poner fin a la propia civilización. Es la conciencia
universal de esta tendencia -tanto en su expresión constructiva
como destructiva- lo que confiere tal patetismo a la ya familiar fotografía
de una tierra cuya esfera resalta como un torbellino blanquiazul frente
a un espacio negro e infinito, una imagen que cristaliza la conciencia
misma de que somos un solo pueblo, rico en diversidad, habitantes de una
patria común.
Dicha tendencia se refleja igualmente en los esfuerzos con que las naciones
procuran forjar un sistema político mundial que garantice la paz,
la justicia y la prosperidad para toda la humanidad. En este siglo ha
habido dos grandes intentos de crear un nuevo orden internacional. Ambos
aspiraban a dar cuenta de la interdependencia global, solo que manteniendo
intacto un sistema que antepone la soberanía del estado. Desde
la perspectiva de este final de siglo, la Liga de las Naciones, expresión
novedosísima del concepto de seguridad colectiva, constituyó
un paso decisivo hacia el orden mundial.
El segundo intento, surgido tras el cataclismo de la Segunda Guerra Mundial
y fundado en la Carta redactada principalmente por los vencedores, ha
servido durante los últimos 50 años como un foro de último
recurso, una institución única que se alza como noble símbolo
de los intereses colectivos de la humanidad en su conjunto.
Como organización internacional, Naciones Unidas ha demostrado
que la humanidad posee capacidad de acción concertada en sanidad,
agricultura, educación, protección medioambiental y bienestar
de la infancia. Ha afianzado el deseo moral colectivo de construir un
futuro mejor, como lo evidencia la amplia adopción de los Convenios
internacionales sobre derechos humanos. Ha puesto de manifiesto lo arraigado
de la compasión humana, como lo demuestra la dedicación
de recursos financieros y humanos a la ayuda de pueblos en crisis. Y ya
en los dominios capitales de la construcción y sostenimiento de
la paz, Naciones Unidas ha abierto audazmente el camino que lleva a un
futuro sin guerras.1
Sin embargo, en su conjunto las metas planteadas en la Carta de Naciones
Unidas se han revelado escurridizas. A pesar de las grandes esperanzas
que abrigaban sus fundadores, el establecimiento hace 50 años de
Naciones Unidas no ha inaugurado una era de paz y prosperidad para todos.2
Aunque Naciones Unidas ha desempeñado un papel innegable al impedir
una tercera guerra mundial, el último lustro ha estado repleto
de numerosos conflictos regionales, nacionales y locales que han segado
millones de vidas. Tan pronto como la mejora de relaciones entre las superpotencias
ha puesto en evidencia la motivación ideológica que alentaba
semejantes conflictos, enseguida se han reavivado las brasas de los odios
étnicos y sectarios, hoy nueva fuente de conflagración.
Por añadidura, aunque el fin de la Guerra Fría ha reducido
la amenaza de una guerra global y última, siguen en pie tecnologías
y medios -y en cierta medida las pasiones subyacentes- capaces de destruir
el planeta.
Asimismo persisten graves problemas en cuestiones sociales. A pesar de
que se ha alcanzado mayores grados de consenso en programas globales de
sanidad, desarrollo sostenible y derechos humanos, en muchas áreas
la situación sobre el terreno no ha hecho más que empeorar.
La extensión alarmante del racismo y fanatismo religioso, el crecimiento
canceroso del materialismo, el aumento epidémico de los delitos
y del crimen organizado, el recrudecimiento de la violencia sin sentido,
la disparidad creciente entre ricos y pobres, las desigualdades continuas
que padecen las mujeres, el daño intergeneracional causado por
la quiebra profunda de los lazos familiares, los excesos inmorales del
capitalismo desenfrenado y el crecimiento de la corrupción política;
todo ello da fe de lo dicho. Por lo menos mil millones de personas viven
en extrema pobreza y un tercio de la población humana es analfabeta.3
A medida que los dos procesos de quiebra y renovación conducen
al mundo a cierto apogeo, el 50 aniversario de Naciones Unidas ofrece
una ocasión oportuna para detenerse a pensar en cómo ha
de afrontar la humanidad el futuro. En efecto, recientemente ha surgido
un amplio muestrario de sugerencias para reforzar Naciones Unidas y mejorar
la respuesta coordinada de las naciones a los retos mencionados.
Las propuestas encajan en tres categorías. Una de ellas se refiere
principalmente a los problemas burocráticos, administrativos y
financieros del sistema de Naciones Unidas. Otra abarca las propuestas
que sugieren la remodelación de cuerpos como el Consejo Económico
y Social, el Consejo Fiduciario y las instituciones de los acuerdos de
Bretton Woods. Una tercera categoría propone que se acometan cambios
en la estructura política de Naciones Unidas y solicita, por ejemplo,
la ampliación del Consejo de Seguridad o un nuevo examen de la
propia Carta de Naciones Unidas.4
La mayoría de estos trabajos son constructivos; algunos de ellos
incluso provocativos. Entre ellos, uno de los más equilibrados
y serios es el informe de la Comisión sobre Gobernación
Global, titulado Our Global Neighborhood, en el que se aboga por la adopción
de nuevos valores y reformas estructurales dentro del sistema de Naciones
Unidas.5
Deseando contribuir en este espíritu a la discusión y consulta
permanentes sobre asunto de tanta trascendencia, la Comunidad Internacional
Bahá'í se siente animada a compartir sus puntos de vista.
Nuestra perspectiva se funda en tres propuestas iniciales.
En primer lugar, las discusiones sobre el futuro de Naciones Unidas deben
situarse en el contexto más amplio de la evolución y destino
del orden internacional. Naciones Unidas ha evolucionado al par que otras
grandes instituciones del siglo XX. Al tomar la realidad en su conjunto,
estas instituciones han de definir -definiéndose de paso a sí
mismas- la evolución del orden internacional. Por tanto, la misión,
cometido, principios operativos e incluso actividades de Naciones Unidas
deberían examinarse sólo a la luz de cómo encajan
dentro de la función más amplia del orden internacional.
En segundo lugar, puesto que el cuerpo de la humanidad es uno e indivisible,
cada miembro del género humano nace al mundo como fideicomiso del
conjunto. Esta relación entre lo individual y lo colectivo constituye
el cimiento moral de la mayoría de los derechos humanos que los
instrumentos de Naciones Unidas procuran definir. También sirve
para perfilar el cometido prioritario del orden internacional como impulsor
y garante de los derechos de la persona.
En tercer lugar, las discusiones sobre el futuro del orden internacional
deben contar con la participación y entusiasmo de la humanidad.
Semejante discusión reviste tal importancia que no puede confinarse
a los dirigentes (sean éstos dirigentes de los gobiernos, de la
comunidad académica, de la religión o de organizaciones
de la sociedad civil). Antes bien, este diálogo debe atraer a las
mujeres y hombres de a pie. Una participación mayor hará
que el proceso se refuerce a sí mismo al crear conciencia de ciudadanía
mundial y al aumentar los apoyos a un orden internacional ampliado.
II
RECONOCER EL CONTEXTO HISTÓRICO:
LLAMAMIENTO A LOS DIRIGENTES DEL MUNDO
La Comunidad Internacional Bahá'í considera que la actual
confusión mundial y el estado calamitoso de los asuntos humanos
constituyen una fase natural dentro de un proceso orgánico que
apunta irresistiblemente hacia la unificación del género
humano en un orden social único, sin más fronteras que los
confines del planeta.
El género humano, en tanto unidad orgánica diferenciada,
ha discurrido a través de fases evolutivas análogas a los
estadios de infancia y niñez, y ahora se aproxima al término
de una turbulenta adolescencia que ha de dar paso a su tan esperada mayoría
de edad.6 El proceso de integración global -hoy toda una realidad
en el mundo de los negocios, las finanzas y las comunicaciones- comienza
a cobrar forma en el terreno político.
Históricamente, este proceso se ha visto acelerado por una serie
de acontecimientos repentinos y catastróficos. La destrucción
causada por la primera y segunda guerra mundiales dio nacimiento, respectivamente,
a la Liga de las Naciones y a Naciones Unidas. Si los futuros logros se
han de alcanzar al cabo de horrores igualmente inimaginables, o si bien
han de ser resultado de un gran esfuerzo de voluntad consultiva, tal es
la elección que tienen ante sí todos los habitantes del
planeta. No tomar medidas decisivas sería una grave irresponsabilidad.
Dado que actualmente la soberanía reside en la nación-estado,
la tarea de fijar la estructura exacta del incipiente orden internacional
constituye una obligación que descansa en los jefes de estado y
sus gobiernos. Instamos a los dirigentes de toda condición a que
asuman un papel activo en el apoyo a una convocatoria de los dirigentes
mundiales a efectuarse antes de terminar el siglo y destinada a examinar
las formas en que podría redefinirse y reestructurarse el orden
internacional para hacer frente a los retos mundiales. Tal y como se ha
sugerido, esta reunión puede denominarse Cumbre Mundial sobre la
Gobernación Mundial.7
La Cumbre propuesta podría basarse en la experiencia adquirida
en la serie de exitosas conferencias de Naciones Unidas que comenzaron
a principios de los años noventa. Estas conferencias, entre las
que figuran la Cumbre Mundial de la Infancia celebrada en 1990, la Cumbre
de la Tierra (1992), la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos (1993),
la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (1994),
la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social (1995) y la Cuarta Conferencia
Mundial sobre la Mujer (1995), han establecido una nueva metodología
para la discusión de temas críticos de alcance mundial.
Una de las claves que explican el éxito de estas deliberaciones
está en la gran participación de las organizaciones de la
sociedad civil. Las laboriosas negociaciones de las delegaciones gubernamentales
relativas a cambios de las estructuras políticas, sociales y económicas
mundiales se han visto informadas y remodeladas por la presencia vigorosa
de estas organizaciones, las cuales tienden a reflejar las necesidades
y preocupaciones de la gente común. Es también significativo
que en cada ocasión la reunión de los dirigentes mundiales,
en presencia de la sociedad civil y de los medios de información
internacionales, ha dado un sello de legitimidad y consenso a los procesos
mismos de la conferencia.
En preparación de la Cumbre propuesta, los dirigentes mundiales
harán bien en atender a estas lecciones, extender su ámbito
tanto como sea posible y ganarse la buena voluntad y apoyo de los pueblos
del mundo.
Hay quienes temen que las instituciones políticas internacionales
degeneren inevitablemente en centralismo excesivo y acaben formando un
nivel injustificado de burocracia. Es necesario, pues, afirmar de manera
expresa y rotunda que toda nueva estructura de gobernación mundial
debe, por principio y conveniencia práctica, asegurar que la responsabilidad
decisoria se mantenga en los niveles pertinentes.8
Dar con el equilibrio adecuado puede no siempre resultar fácil.
Por un lado, sólo las propias personas pueden lograr un desarrollo
y progreso auténticos, y ello cuando responden individual o colectivamente
a las preocupaciones y necesidades específicas de su lugar y tiempo.
Cabe argumentar que la descentralización de la gobernación
es la condición sine qua non del desarrollo.9 Por otro lado, es
claro que el orden internacional requiere cierto grado de coordinación
y dirección global.
Por tanto, de acuerdo con los principios de descentralización arriba
descritos, las instituciones internacionales deberían contar con
autoridad para actuar sólo en cuestiones de incumbencia internacional,
siempre que los estados no puedan actuar de propia iniciativa o bien intervenir
para garantizar los derechos de los pueblos y estados miembros. Todas
las demás materias deberían reservarse a las instituciones
locales y nacionales.10
Además, al concebir una determinada estructura para el futuro orden
internacional, los dirigentes deberían examinar una amplia gama
de enfoques sobre la gobernación. Más que adoptar un solo
modelo de entre las formas reconocidas de gobierno, la solución
puede muy bien encarnar, reconciliar y asimilar dentro de su estructura
los elementos saludables presentes en cada uno de ellos.
Por ejemplo, el sistema federal es uno de los modelos de gobierno que
han resistido al tiempo y que puede dar cabida a la diversidad mundial
dentro de un marco unificado. El federalismo ha demostrado ser efectivo
en la descentralización de autoridad y toma de decisiones en estados
grandes, complejos y heterogéneos, sin por ello dejar de mantener
cierta unidad y estabilidad generales. Otro modelo digno de examen es
la Commonwealth, la cual a nivel mundial colocaría el interés
del conjunto por encima del interés de toda nación considerada
por separado.
Debe prestarse singular atención al diseñar la arquitectura
del orden internacional, de modo que con el paso del tiempo no degenere
en ninguna forma de despotismo, oligarquía o demagogia corruptoras
de la vida y de la maquinaria de las instituciones políticas.
En 1955, durante la revisión correspondiente al primer decenio
de la Carta de Naciones Unidas, la Comunidad Internacional Bahá'í
hizo llegar a dicha organización una declaración fundada
en las ideas que expresara Bahá'u'lláh hacía casi
un siglo. "El concepto bahá'í de orden mundial se define
como sigue: Un Super-Estado Mundial a favor del cual todas las naciones
del mundo habrán renunciado a toda pretensión de hacer la
guerra, a ciertos derechos de gravar impuestos, y a todos los derechos
de posesión de armamentos, excepto los que se requieran para el
mantenimiento del orden interno en sus respectivos dominios. Ese Estado
habrá de incluir un Ejecutivo Internacional con capacidad para
hacer cumplir su autoridad suprema e indiscutible sobre cualquier miembro
recalcitrante de la Comunidad; un Parlamento Mundial cuyos miembros sean
elegidos por los pueblos de los países respectivos y cuya elección
haya sido confirmada por sus gobiernos; un Tribunal Supremo cuyo veredicto
tenga efectos vinculantes incluso cuando las partes no hayan sometido
voluntariamente el caso a su consideración".11
Si bien creemos que esta formulación de un gobierno mundial constituye
la salvaguardia última y el destino inevitable de la humanidad,
reconocemos que representa una visión a largo plazo de la sociedad
mundial. Dada la naturaleza del actual estado de cosas, el mundo requiere
estrategias valientes y prácticas, que no se limiten a inspirar
visiones de futuro. No obstante, el hecho de centrar la atención
en un concepto convincente permite que del pantano de doctrinas y puntos
de vista contradictorios surja una orientación clara y congruente
para un cambio evolutivo.
III
DEFINIR EL COMETIDO DE NACIONES UNIDAS
DENTRO DEL ORDEN INTERNACIONAL
La organización de Naciones Unidas ha sido la pieza clave del sistema
internacional creado por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial.
Durante las prolongadas décadas de conflicto ideológico
entre el Este y el Oeste, sirvió como foro de diálogo internacional.
Con el paso de los años, sus actividades han ido ampliándose
hasta incluir no sólo la fijación de criterios internacionales
y la promoción del desarrollo social y económico, sino también
el mantenimiento de operaciones de paz en varios continentes.
Durante este mismo período la realidad política de nuestro
mundo ha experimentado una transformación enorme. Al formarse Naciones
Unidas había cerca de cincuenta estados independientes. Dicho número
ha crecido hasta superar los 185. Al término de la Segunda Guerra
Mundial los gobiernos eran los principales actores del escenario mundial.
Hoy día, el influjo creciente de las organizaciones de la sociedad
civil y de las corporaciones multinacionales ha creado un paisaje político
más intrincado.
A pesar de la mayor complejidad de su misión, el sistema de Naciones
Unidas conserva aproximadamente la misma estructura que en su día
sirvió para alumbrar una nueva organización internacional.
No es de sorprender, pues, que la ocasión del 50 aniversario haya
reabierto el diálogo sobre su capacidad para afrontar las realidades
políticas del siglo XXI. Desgraciadamente, en este diálogo
ha habido un número mayor de críticas que de elogios.
La mayoría de las críticas de que son objeto las operaciones
de Naciones Unidas se fundan en comparaciones con las actividades de organizaciones
destacadas del sector privado, o bien en cálculos basados en expectativas
iniciales exageradas. El que algunas comparaciones específicas
sean útiles para incentivar la eficiencia no impide que las comparaciones
de orden genérico se demuestren, en lo esencial, injustas. La Organización
de Naciones Unidas no sólo carece de una autoridad nítida,
sino también de los recursos de que precisa para ser efectiva en
una mayoría de casos. De hecho, criticar el fracaso de Naciones
Unidas es tanto como una acusación contra los propios estados miembros.
Juzgada al margen de la realidad en que opera, la organización
de Naciones Unidas siempre será una institución ineficaz
e ineficiente. Sin embargo, si se la ve como a una pieza dentro del proceso
más amplio de desarrollo de los sistemas del orden internacional,
la luz clara del análisis debería dejar de proyectarse sobre
los fracasos y flaquezas de ésta para pasar a reflejar sus logros
y triunfos. Desde una perspectiva evolutiva, las experiencias tempranas
de Naciones Unidas nos suministran un rico surtido de enseñanzas
sobre su futuro cometido en el concierto internacional.
Una perspectiva evolutiva comporta la capacidad de ver trazado el curso
de una institución dentro de un gran horizonte temporal, y ello
supone: percibir su potencial inherente para el desarrollo, identificar
los principios fundamentales que presiden su crecimiento, formular estrategias
de gran impacto que sean ejecutables a corto plazo, e incluso la previsión
de discontinuidades en la trayectoria.
Desde esta perspectiva, el estudio de Naciones Unidas pone al descubierto
buenas oportunidades para reforzar el sistema actual sin necesidad de
emprender una reestructuración completa de las instituciones principales
o de someter sus procesos básicos a una remodelación intensa.
De hecho, nuestro criterio es que ninguna propuesta de reforma de Naciones
Unidas producirá grandes resultados a menos que, por un lado, sus
recomendaciones sean congruentes internamente, y, por otro, describan
una senda evolutiva que conduzca a que Naciones Unidas desempeñe
un papel destacado en el orden internacional del futuro.
Creemos que el conjunto aquí descrito de recomendaciones satisface
estas condiciones y que su adopción representaría un paso
significativo y comedido hacia la construcción de un orden mundial
más justo.12
A. RESUCITAR LA ASAMBLEA GENERAL
El imperio de la ley es la base de todo sistema de gobierno, y la institución
primaria encargada de promulgar las leyes es el poder legislativo. Hasta
la fecha los poderes legislativos locales y nacionales han gozado del
respeto general; no así los cuerpos de orden regional e internacional,
los cuales son vistos con temor y sospecha.
La propia Asamblea General de Naciones Unidas ha sido objeto de acusaciones
de ineficacia. Aunque algunas de ellas carecen de fundamento, hay al menos
dos deficiencias que amortiguan la capacidad efectiva de la Asamblea General.
Primero, la estructura actual concede un peso indebido a la soberanía
nacional, de donde resulta la curiosa mezcla de anarquía y conservadurismo
hoy presentes. En una organización reformada de Naciones Unidas,
la rama legislativa y el reparto de votos deberán representar de
forma más exacta a las gentes del mundo así como a las naciones-estado.13
Segundo, en la actualidad las resoluciones de la Asamblea General no son
vinculantes, salvo que sean ratificadas separadamente por cada estado
miembro. Si el sistema actual, que coloca la soberanía del estado
por encima de todo interés, ha de abrir paso a un sistema que sirva
a los intereses de una sola humanidad, las resoluciones de la Asamblea
General deben -dentro de un número limitado de temas- adquirir
gradualmente el carácter de ley y contar con capacidad ejecutoria
y sancionadora.
Estas dos deficiencias guardan estrecha relación, máxime
teniendo en cuenta que la mayoría de las gentes del mundo, temerosas
y suspicaces respecto de un gobierno mundial, difícilmente van
a estar dispuestas a someterse a una institución internacional
que no sea ella misma más auténticamente representativa.14
No obstante, a corto plazo, hay cinco medidas prácticas que reforzarían
la Asamblea General, mejorarían su reputación y la orientarían
en una dirección de largo plazo.
1. Elevar los requisitos mínimos de ingreso
Los requisitos mínimos de conducta que deben cumplir los estados
miembros para con sus pueblos están suficientemente bien establecidos
en la Declaración Universal de Derechos Humanos y convenios internacionales
posteriores, a los que colectivamente suele hacerse referencia bajo la
denominación Ley Internacional de Derechos Humanos.
Un estado miembro que no esté férreamente comprometido a
celebrar elecciones regulares y periódicas por medio del sufragio
universal y secreto, así como a garantizar la libertad de expresión
y demás derechos humanos, es un obstáculo que coarta la
participación activa e inteligente de la gran mayoría de
su población en los asuntos que conciernen a sus propias comunidades.
Proponemos que los estados miembros que violen dichos requisitos se hagan
cargo de las consecuencias. De modo similar, las naciones que aspiren
a ser reconocidas verán denegada su entrada hasta tanto no acepten
abiertamente dichos requisitos o bien realicen esfuerzos significativos
en la dirección deseada.
2. Nombramiento de una Comisión para la fijación
de fronteras y límites
Los irredentismos pendientes continúan siendo una causa fundamental
de guerra y conflictos, hecho que encarece la necesidad imperiosa de lograr
acuerdos generales sobre las fronteras nacionales. Tales tratados sólo
pueden lograrse tras sopesar tanto el modo arbitrario con que muchas naciones-estado
fueron originalmente definidas como las reclamaciones que naciones y grupos
étnicos tengan pendientes.
Antes que relegar esas pretensiones al Tribunal Mundial, creemos que sería
preferible establecer una Comisión Internacional que investigue
todas las reclamaciones que afecten a las fronteras internacionales, y
que tras un examen cuidadoso formule sus recomendaciones.15 Los resultados
servirían como un sistema de alerta temprana frente a tensiones
entre grupos civiles y étnicos; además, permitiría
valorar las amenazas en situaciones en que la diplomacia preventiva y
temprana sea recomendable.
A largo plazo, para establecer una auténtica comunidad de naciones
va a hacer falta que todas las disputas fronterizas queden definitivamente
resueltas. Las indagaciones llevadas a cabo cumplirían este propósito.
3. Búsqueda de un nuevo ordenamiento financiero
Provocado fundamentalmente por la indisposición de algunos estados
miembros remisos a efectuar sus contribuciones generales dentro de plazo,
complicado por la falta de una autoridad que exija la percepción
de intereses por demora, y agravado por las deficiencias burocráticas
detectadas en parte de sus operaciones, el déficit anual fuerza
a Naciones Unidas a vivir con una mentalidad de gestión de crisis.
Los pagos voluntarios de los estados miembros nunca podrán ser
una fuente fiable con la que financiar una institución internacional.
Va a hacer falta arbitrar métodos serios de generación de
recursos que permitan el funcionamiento sin tropiezos de Naciones Unidas.
En este sentido proponemos que se nombre de forma inmediata una Comisión
Especial encargada de la búsqueda rigurosa de soluciones.
Al estudiar las opciones la Comisión debería tener presente
ciertos principios fundamentales. Primero, no debe haber contribuciones
sin representación. Segundo, en aras de la justicia y equidad,
las contribuciones deberán ser graduadas. Tercero, no debería
pasarse por alto la potenciación de mecanismos que estimulen contribuciones
voluntarias por parte de comunidades y particulares.16
4. Compromiso con la adopción de un sistema común
de escritura y lenguaje
La organización de Naciones Unidas, que actualmente emplea seis
idiomas oficiales, obtendrá gran provecho si en todos sus foros
adopta como lenguaje auxiliar uno de los idiomas ya existentes o bien
uno creado al efecto. Esta medida ha sido promovida desde hace tiempo
por numerosos grupos, desde los esperantistas a la propia Comunidad Internacional
Bahá'í.17 Aparte del consiguiente ahorro de caudales y de
la simplificación de procedimientos burocráticos, la medida
en sí ha de contribuir grandemente a promover el espíritu
de unidad.
Proponemos el nombramiento de una Comisión de alto nivel formada
por miembros provenientes de distintas regiones y campos de conocimiento
(entre ellos la lingüística, la economía, las ciencias
sociales, la educación y los medios de difusión), cuyo cometido
sea iniciar el estudio detenido de cuanto entrañe la adopción
de un idioma internacional auxiliar y de un sistema común de escritura.
Prevemos que a su debido tiempo el mundo habrá de adoptar, por
acuerdo universal, un solo idioma auxiliar y sistema de escritura que
habrán de enseñarse en las escuelas del mundo como lenguaje
complementario del idioma o idiomas de cada país. El objetivo ha
de consistir en facilitar la transición hacia una sociedad mundial
por medio de la mejora de las comunicaciones entre las naciones, la reducción
de los costos administrativos de los negocios, de los gobiernos y de otros
actores de esta empresa mundial, y la promoción en general de relaciones
más cordiales entre todos los miembros de la familia humana.18
Esta propuesta debe entenderse en su sentido estricto. No pretende en
modo alguno menoscabar ninguno de los idiomas y culturas existentes.
5. Investigar la posibilidad de una moneda internacional
Resulta evidente la necesidad de promover la adopción de una moneda
mundial como elemento vital para la integración en una economía
global. Entre otros beneficios que le son atribuibles, los economistas
creen que una moneda única reduciría la especulación
improductiva y las fluctuaciones impredecibles del mercado, promovería
la nivelación mundial de ingresos y precios, lo que redundaría
en un significativo ahorro.19
La mera posibilidad de ahorros no moverá a la acción a menos
que se aporte un aparato de pruebas contundentes que disipen las dudas
y preocupaciones de los escépticos, todo ello acompañado
de un plan fiable de ejecución. Proponemos el nombramiento de una
Comisión, compuesta por los más destacados dirigentes gubernamentales,
académicos y profesionales, para que comience a estudiar los beneficios
económicos y costos políticos que aparejaría la creación
de una moneda única, así como las hipótesis de futuro
que habría de contemplarse en la ejecución de un plan efectivo.
B. DESARROLLAR UNA FUNCIÓN EJECUTIVA APRECIABLE
A nivel internacional no hay función ejecutiva que revista mayor
importancia que la puesta en vigor de un pacto de seguridad colectiva.20
La seguridad colectiva conlleva un convenio vinculante entre naciones
para actuar en concierto contra las amenazas al conjunto. La efectividad
del convenio depende del grado en que los miembros se comprometan con
el bien común, incluso si lo que lo motiva es un sentido esclarecido
del interés propio.
Dentro de Naciones Unidas el papel ejecutivo corresponde fundamentalmente
al Consejo de Seguridad, institución que comparte otras funciones
ejecutivas con la Secretaría General. Ambas instancias tienen serias
dificultades para cumplir sus mandatos. El Consejo de Seguridad carece
de capacidad para tomar medidas decisivas, y la Secretaría General
se ve acuciada por las complejas demandas de los estados miembros.
A corto plazo, cabe adoptar cuatro medidas que afianzarán la función
ejecutiva dentro de Naciones Unidas.
1. Restricciones al ejercicio del veto
La intención original de la Carta de Naciones Unidas al otorgar
el derecho de veto a los cinco Miembros Permanentes no era sino la de
impedir que el Consejo de Seguridad autorizara medidas militares contra
alguno de sus Miembros Permanentes, o bien solicitara el empleo de fuerzas
contra la propia voluntad.21 Sin embargo, con el comienzo de la Guerra
Fría, el derecho de veto ha sido ejercido reiteradamente por motivos
de seguridad regional o nacional.
En su representación de 1955 para la reforma de la ONU, la Comunidad
Internacional Bahá'í abogó por la eliminación
gradual de los conceptos de "miembro permanente" y "derecho
de veto", paralelamente al aumento de la confianza en el Consejo
de Seguridad. Hoy, cuarenta años después, reafirmamos nuestra
postura. Sin embargo, proponemos además que, como paso de transición
y atendiendo a la intención de la Carta, se adopten medidas para
limitar el ejercicio del derecho de veto.
2. Institucionalización de dispositivos militares especiales
A fin de apoyar las operaciones de mantenimiento de paz de Naciones Unidas
y reforzar la credibilidad de las resoluciones del Consejo de Seguridad,
debe crearse una Fuerza Internacional.22 Su lealtad a la ONU y su independencia
respecto de consideraciones nacionales deben quedar garantizadas. El control
y mando de una Fuerza semejante, plenamente dotada, debería residir
en el Secretario General, sometido a la autoridad del Consejo de Seguridad.
Corresponderá a la Asamblea General la determinación de
sus finanzas. En la formación de dicha Fuerza el Secretario General
seleccionará personal competente de todas las regiones del mundo.
De hacerse así, esta Fuerza Internacional logrará crear
cierto sentido de seguridad e impulsar nuevos pasos hacia el desarme mundial,
lo que por tanto justificará la firme prohibición de todas
las armas de destrucción masiva.23 Con ello, y de conformidad con
el principio de seguridad colectiva, se comprenderá gradualmente
que los estados sólo precisan el armamento justo para su propia
defensa y mantenimiento del orden interno.
Como paso inmediato para el establecimiento de la Fuerza mencionada, el
presente sistema de dispositivos militares especiales debería institucionalizarse
y constituirse en núcleos regionales de fuerzas de intervención
rápida para casos de crisis.
3. Aplicación de la noción de seguridad colectiva a otros
problemas que afectan al patrimonio común de la humanidad
Aunque en su origen el concepto de seguridad colectiva se explica en un
contexto de amenaza militar, hay quienes afirman que ahora puede ampliarse
a toda clase de amenazas que, aunque revistan apariencia local, son en
realidad resultado de la compleja fractura del orden internacional actual.
Estas amenazas incluyen, entre otras, el narcotráfico internacional,
la seguridad en los alimentos, y el surgimiento de nuevas pandemias.24
Creemos que este asunto debería incluirse en el orden del día
de la Cumbre propuesta. Sin embargo, es improbable que una formulación
extensiva del principio de seguridad colectiva evite la causa de la agresión
militar.
4. Conservar las instituciones exitosas de la ONU con funciones ejecutivas
independientes
Algunas de las organizaciones más independientes dentro de la familia
de Naciones Unidas, tales como el Fondo Internacional de Emergencia para
la Infancia, la Organización Internacional de la Aviación
Civil, la Unión Postal Universal, la Unión Internacional
de Telégrafos y Telecomunicaciones, la Organización Internacional
del Trabajo o la Organización Mundial de la Salud, han logrado
éxitos notables en áreas limitadas, pero importantes, de
interés internacional.
En general, estas organizaciones poseen ya sus propias funciones ejecutivas.
Su independencia debe mantenerse y reforzarse como parte del ejecutivo
internacional.25
C. UN TRIBUNAL MUNDIAL REFORZADO
En cualquier sistema de gobierno hace falta contar con una función
judicial sólida para moderar los poderes de las otras ramas, así
como para enunciar, promulgar, proteger y administrar justicia. La tendencia
a crear sociedades justas ha sido una de las fuerzas más fundamentales
de la historia,26 y no cabe duda de que ninguna civilización podrá
arraigar por largo tiempo si no es asentándose en el principio
de la justicia.
La justicia es ese poder capaz de transformar la conciencia emergente
de la unidad de la humanidad en voluntad colectiva sobre la que erigir
confiadamente las estructuras globales de vida comunitaria que el empeño
precisa. Una época en la que las gentes del mundo disfrutan de
mayor acceso a información e ideas de toda suerte, corroborará
que la justicia se reafirma como el principio rector de toda organización
social fructífera.
En el plano individual, la justicia es esa facultad del alma que permite
a la persona distinguir la verdad de la falsedad. A los ojos de Dios -asevera
Bahá'u'lláh- la justicia es "la más amada de
todas las cosas", pues faculta a cada ser humano para ver con sus
propios ojos antes que con los ojos de los demás, conocer con su
propio entendimiento antes que con el de su vecino o grupo.
En el plano social, la preocupación por la justicia es el rasero
indispensable en toda toma colectiva de decisiones, pues ella constituye
el único instrumento mediante el cual se logra la unidad de pensamiento
y acción. Lejos de impulsar el espíritu punitivo que a menudo
se agazapó bajo su nombre en épocas pasadas, la justicia
es la expresión práctica de la convicción de que
en aras del progreso humano los intereses de la persona y los de la sociedad
se entrelazan inextricablemente. En la medida en que la justicia se convierte
en preocupación rectora de la interacción humana, cobra
impulso un clima consultivo en el que cabe examinar desapasionadamente
las opciones y seleccionar los cauces de acción pertinentes. En
tal clima las tendencias, siempre presentes, hacia la manipulación
y el partidismo tienen muchas menos posibilidades de desviar el proceso
decisorio.
Una concepción semejante de la justicia se ha de ver reforzada
por el reconocimiento de que en un mundo interdependiente los intereses
de la persona y de la sociedad se encuentran unidos inextricablemente.
En este contexto, la justicia es el hilo conductor que debe enhebrarse
cuando se planea toda clase de interacción, sea en la familia,
el vecindario o a nivel global.
En el actual sistema de Naciones Unidas podemos ver los cimientos de un
Tribunal Mundial. Establecido en 1945 como máximo órgano
judicial de Naciones Unidas, la Corte Internacional de Justicia se caracteriza
por numerosos rasgos positivos. Por ejemplo, el sistema actual de selección
de jueces procura crear un plantel judicial representativo de la variedad
de pueblos, regiones y sistemas jurídicos.27
La principal carencia de que adolece el Tribunal reside en la falta de
competencias para emitir decisiones legalmente vinculantes, excepto en
los casos en que los estados hayan decidido por adelantado someterse a
ellas. Sin esta jurisdicción el Tribunal carece de fuerza para
administrar justicia.28 A su debido tiempo las decisiones del Tribunal
Mundial deberán ser vinculantes y aplicables a todos los estados.
A corto plazo, no obstante, el Tribunal Mundial es susceptible de reforzarse
mediante dos medidas más.
1. Ampliación de la jurisdicción del Tribunal
Actualmente la jurisdicción del Tribunal está limitada a
contadas categorías de casos, y sólo las naciones poseen
capacidad de presentar sus demandas. Proponemos que, además de
las naciones miembros, se conceda el derecho de interponer demandas ante
el Tribunal a otros órganos de Naciones Unidas.
2. Coordinación de los Tribunales temáticos
El Tribunal Mundial debería actuar como organización que
presta cobertura a los tribunales temáticos nuevos y ya existentes
que arbitran y entienden sobre casos internacionales dentro de dominios
temáticos concretos.
Los componentes más tempranos de este sistema unificado pueden
encontrarse en los tribunales especializados de los tribunales de arbitraje
en asuntos de comercio y transporte, así como en las propuestas
de cuerpos como el Tribunal Internacional de lo Criminal y la Cámara
de Asuntos Medioambientales. Otras áreas temáticas que admitirían
tratamiento bajo tal sistema incluyen los tribunales internacionales para
el terrorismo internacional y el tráfico de estupefacientes.
IV
LIBERAR EL POTENCIAL DE LA PERSONA: RETO
FUNDAMENTAL DEL ORDEN INTERNACIONAL EMERGENTE
El objetivo primordial de las instituciones de gobierno, sea cual sea
su esfera, es el avance de la civilización humana. Sin la participación
inspirada e inteligente del conjunto de la humanidad en la vida y asuntos
de la comunidad, tamaño objetivo no es fácil de cumplir.
Dado su empeño en la creación de instituciones y de una
comunidad de naciones, históricamente los cuerpos internacionales
han permanecido alejados de las mentes y corazones de las gentes. Al estar
separada del plano internacional por varios estratos de gobierno y confundida
por el tratamiento informativo que le brindan los medios de difusión,
la gran mayoría de la población no ha desarrollado ningún
tipo de afinidad con instituciones como Naciones Unidas. Sólo las
personas que poseen algún tipo de acceso a la esfera internacional
mediante canales como son las organizaciones de la sociedad civil parecen
capaces de identificarse con estas instituciones.
Paradójicamente, las instituciones internacionales no pueden convertirse
en un nivel de gobierno efectivo y maduro y cumplir su cometido principal,
que es hacer progresar la civilización, si no reconocen y nutren
su relación de dependencia mutua respecto de las gentes del mundo.
Un reconocimiento como éste movilizaría un ciclo de confianza
y apoyos que acelerarían la transición al nuevo orden mundial.
Las tareas inherentes al desarrollo de una sociedad global requieren capacidades
de una categoría muy por encima de lo hasta ahora logrado por la
especie humana. Alcanzar esas alturas va a exigir que las personas particulares
disfruten de una accesibilidad al conocimiento enormemente mayor. Las
instituciones conseguirán hacer aflorar y encauzar las potencialidades
latentes en la conciencia de los pueblos del mundo en la medida en que
el ejercicio de la autoridad sea templado por el deber de hacerse acreedoras
a la confianza, respeto y respaldo sinceros de las personas cuyos actos
pretenden gobernar, y de consultar abiertamente y en el mayor grado posible
con todos los que se vean afectados en sus intereses.
A su vez, las personas fiadoras y respetuosas de estas instituciones exigirán
que los gobiernos nacionales redoblen los apoyos políticos y económicos
que brindan al orden internacional. Por su parte, gracias a su mayor influencia
y poder, las instituciones internacionales estarán a su vez en
mejores condiciones de establecer un nuevo orden mundial legítimo
y efectivo.
Junto con las medidas estructurales de refuerzo, Naciones Unidas necesita
adoptar iniciativas que liberen el poder latente que hay en todas las
personas y que ha de permitirles participar en este proceso cautivador.
A este fin merecen atención especial ciertos temas capaces de acelerar
el avance personal y social. De entre ellos, la promoción del desarrollo
económico, la protección de los derechos humanos, el avance
de la condición de la mujer y el énfasis en el desarrollo
moral constituyen cuatro prioridades tan estrechamente entrelazadas con
el progreso de la civilización que deben destacarse en el orden
del día de Naciones Unidas.
A. PROMOVER EL DESARROLLO ECONÓMICO
Las estrategias económicas empleadas durante los últimos
cincuenta años por Naciones Unidas, el Banco Mundial y cierto número
de gobiernos, por muy sinceramente que fuesen concebidas y ejecutadas,
no han estado a la altura de las aspiraciones. En gran parte del mundo
la brecha entre pudientes y menesterosos va en aumento y mantiene la disparidad
en los niveles de ingresos. Los problemas sociales no han remitido. A
decir verdad, la delincuencia y las enfermedades no sólo están
en alza, sino que se están convirtiendo en un fenómeno endémico
y más difícil de combatir.
Estos fracasos son debidos a ciertos factores como, por ejemplo, demasiada
atención a proyectos de gran escala y con exceso de centralización
burocrática; las condiciones de comercio internacional injustas;
la extensión de una corrupción extendida a la que se ha
permitido prosperar en todo el sistema; la exclusión de las mujeres
de todos los niveles decisorios; la incapacidad general de garantizar
que los recursos lleguen a los pobres; y la desviación de los recursos
del desarrollo hacia la compra de material militar pesado.
Un examen desapasionado de todos estos factores revela una falla sistemática
y principalísima en el paradigma actual del desarrollo económico:
las necesidades materiales son atendidas sin tener en cuenta los factores
espirituales y su poder de motivación.
El desarrollo no debería confundirse con la creación de
una sociedad de consumo insostenible. La verdadera prosperidad abarca
el bienestar espiritual y material. Alimento, bebida, vivienda y cierto
grado de comodidad material son esenciales; pero los seres humanos no
pueden ni jamás podrán encontrar su realización en
la satisfacción de estas necesidades. Como tampoco cabe alcanzar
el contento en logros materiales algo más intangibles como son
el reconocimiento social y el poder político. En última
instancia, ni siquiera los logros intelectuales procuran satisfacción
a nuestras necesidades más profundas.
Es la sed de algo más, algo que nos trasciende, lo que hace justamente
comprensible la realidad del espíritu humano. Si bien el lado espiritual
de nuestra naturaleza se ve oscurecido en la batalla diaria en pos de
bienes materiales, nuestra necesidad de trascendencia no puede ser descuidada.
Un paradigma de desarrollo sostenible debe, pues, atender tanto a las
aspiraciones espirituales de los seres humanos como a sus necesidades
y deseos materiales.
El desarrollo económico tiene en la educación su mejor inversión.
"El hombre es el Talismán supremo. Sin embargo, la falta de
una educación adecuada lo ha privado de aquello que inherentemente
posee", escribe Bahá'u'lláh. "Considerad al hombre
como a una mina, rica en gemas de valor inestimable. Sólo la educación
puede hacerle revelar sus tesoros y permitir que la humanidad se beneficie
con ello".29 La educación significa más que un proceso
por el que se domina una parcela reducida de conocimiento o se aprende
un conjunto de destrezas para la vida. A decir verdad, la educación,
que debería ser un imperativo del desarrollo, debe asimismo enseñar
los procesos de adquisición de conocimiento, cultivar los poderes
del intelecto y raciocinio, e infundir en el estudiante cualidades morales
indispensables.
Ver la educación de acuerdo con este enfoque mundial permite que
las personas contribuyan a la creación de riqueza y alienta su
justa distribución.30
La riqueza auténtica se crea cuando el trabajo es emprendido no
ya como medio para ganarse la vida sino también para contribuir
a la sociedad. Sostenemos que un trabajo con sentido es una necesidad
fundamental del alma humana, tan importante para el desarrollo cabal de
la persona como puedan serlo para el cuerpo un alimento nutritivo, el
agua limpia y el aire fresco.
Debido a la naturaleza espiritualmente nociva de la dependencia, a largo
plazo los proyectos que centran su sola atención en la redistribución
de riqueza están condenados al fracaso. La distribución
de la riqueza debe realizarse de una manera equitativa y eficaz. Es más,
debe integrarse íntimamente en el proceso de creación de
riqueza.
Con miras a promover un desarrollo más efectivo dirigimos a Naciones
Unidas la recomendación siguiente.
1. Lanzar una campaña decisiva para cumplir la Agenda 21
El plan de acción formulado por la Conferencia de Naciones Unidas
sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo incorporó una gran variedad
de puntos de vista de la sociedad civil, así como un conjunto de
principios no muy diferentes de los que se articulan en esta declaración.
Desgraciadamente, poco es lo que se ha hecho por parte de los estados
miembros para ejecutar las medidas que describía el plan.
Para cumplir satisfactoriamente los objetivos de la Agenda 21 va a hacer
falta un esfuerzo mayor, de diferente naturaleza pero comparable en escala
y nivel de compromiso al que suscitó el Plan Marshall en la renovación
de la Europa de la postguerra. En este caso, son las instituciones de
Bretton Woods las llamadas a montar una campaña decisiva que dé
curso a los esfuerzos de las naciones. Un mandato de esta naturaleza sólo
puede extraerse de una conferencia similar a las primeras reuniones de
Bretton Woods, ocurridas hace cincuenta años, y dedicada a realizar
un examen en profundidad de dichas instituciones. Su fin será poner
a disposición de las gentes del mundo recursos suficientes para
la ejecución de sus iniciativas locales. Por otro lado, la conferencia
también podrá ampliar su orden del día para atender
a cuestiones de gran calado que afectan a la seguridad económica
mundial, lo cual supone redefinir las actuales instituciones o bien crear
nuevas estructuras.31
De prosperar, estos nuevos mecanismos podrían ampliarse a la coordinación
de las medidas identificadas en la Cumbre Social recientemente celebrada.
B. PROTEGER LOS DERECHOS HUMANOS
Desde la fundación, hace cincuenta años, de Naciones Unidas
se ha ido asentando el criterio según el cual los derechos humanos
deben ser reconocidos y protegidos para que la paz, el progreso social
y la prosperidad económica logren establecerse.
La base para el acuerdo internacional sobre la naturaleza de los derechos
humanos la suministra la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, documento capital adoptado por Naciones Unidas en 1948 y desarrollado
en dos convenios internacionales: el Convenio Internacional de Derechos
Políticos y Civiles, y el Convenio Internacional de Derechos Sociales,
Económicos y Culturales. Además, existen otros 75 convenios
y declaraciones que identifican y promueven los derechos de la mujer y
la infancia, el derecho a la libertad de culto, y el derecho al desarrollo,
por mencionar sólo unos pocos.
El régimen actual de derechos humanos de Naciones Unidas adolece
de dos grandes defectos: posee escasos medios para su vigilancia y puesta
en vigor, y hace escaso hincapié en las responsabilidades que acompañan
a todos los derechos.
A nivel internacional, la puesta en vigor requiere un tratamiento similar
al que merezca una agresión militar bajo un sistema de seguridad
colectiva. La violación de los derechos humanos que ocurra en un
estado debe ser objeto de la preocupación de todos. Los mecanismos
para hacer obligado su cumplimiento deben merecer la respuesta unánime
de toda la comunidad internacional. El cuándo y cómo de
la intervención protectora se presenta más problemático.
En todo caso, la puesta en vigor requerirá un alto grado de consenso
sobre lo que constituye una violación flagrante y deliberada.
Durante el proceso que precedió a la Conferencia Mundial de Derechos
Humanos de 1993 se dieron algunos pasos importantes hacia dicho consenso
al afirmar -inequívocamente- que los derechos humanos son universales,
indivisibles e interdependientes, lo que cierra el ya largo debate sobre
la importancia relativa de los derechos civiles y políticos frente
a los derechos sociales, económicos y culturales.32 Las resoluciones
de la Conferencia confirmaron igualmente que los derechos humanos deben
aplicarse prescindiendo de las diferencias de origen racial, étnico,
religioso o nacional. Las resoluciones se refieren a la igualdad de la
mujer y el hombre, e incluyen los mismos derechos para las personas de
todo el mundo a la libertad de investigación, información
y práctica religiosa; también abarcan el derecho de toda
persona a satisfacer necesidades elementales como alimento, vivienda y
atención sanitaria.33 Pero más allá de llegar a un
consenso y de reforzar la aplicación de los derechos humanos, es
importante comprender mejor que cada derecho lleva aneja su responsabilidad.
Por ejemplo, el derecho a ser reconocido como persona ante la ley lleva
implícito la responsabilidad de acatarla (y de hacer que tanto
las leyes como el sistema legal sean más justos). Del mismo modo,
en el dominio socioeconómico, el derecho a contraer matrimonio
comporta la responsabilidad de apoyar la unidad familiar, educar a los
hijos y tratar a todos los miembros de la familia con respeto.34 El derecho
al trabajo no puede divorciarse de la responsabilidad de realizar los
deberes propios con la mayor destreza. En el sentido más amplio,
la noción de derechos humanos "universales" presupone
la responsabilidad de la humanidad como conjunto.
En última instancia, si bien depende de la persona el cumplir con
su responsabilidad en cada una de estas esferas, corresponde a las instituciones
internacionales proteger el derecho humano correspondiente. Proponemos
las tres medidas siguientes para su aplicación inmediata.
1. Afianzar los dispositivos de Naciones Unidas para la supervisión,
ejecución y seguimiento
Los dispositivos de Naciones Unidas para la supervisión, ejecución
y seguimiento de cómo cumplen los gobiernos los convenios internacionales
son insuficientes. El Centro para los Derechos Humanos cuenta con un plantel
profesional muy reducido y dedicado a respaldar la verificación
del cumplimiento que hacen los países de todos los convenios ratificados.
Creemos que los recursos asignados a este Centro deben registrar un aumento
espectacular, si es que ha de cumplir sus tareas como corresponde.
2. Alentar la ratificación universal de los convenios internacionales
sobre derechos humanos
Puesto que la ratificación de convenios de derechos humanos comporta
obligaciones por parte de los estados miembros, aunque no sea posible
hacerlas cumplir, el Secretario General y todos los cuerpos de Naciones
Unidas deben aprovechar cualquier oportunidad de alentar a los estados
miembros a actuar sobre este asunto. De hecho, una de las metas ejemplares
que la Asamblea General podría fijarse consiste en la adopción
de un calendario exigente para la ratificación universal.
3. Garantizar el respeto de los órganos de supervisión de
Naciones Unidas relacionados con los derechos humanos
Puesto que por naturaleza el mandato de los organismos que vigilan la
situación de los derechos humanos reviste gravísima importancia,
Naciones Unidas debe ser especialmente consciente de la percepción
pública que crean la estructura y procesos de tales organismos,
e igual de decidida al resolver situaciones comprometidas.
Creemos que durante el proceso de nominación sería prudente
explorar los títulos de los estados miembros que están en
posiciones visibles y excluir de la elección de candidatos a la
Comisión de Derechos Humanos y otros organismos de supervisión,
cualquier estado miembro que no haya ratificado los convenios internacionales.
Aunque los estados miembros podrían participar plenamente en las
deliberaciones, la medida sugerida protegería a Naciones Unidas
frente a situaciones potencialmente embarazosas y comprometedoras.
Creemos, asimismo, que la norma admite una sola excepción. En efecto,
no debería descartarse la elección de los estados miembros
aspirantes a puestos visibles que, no siendo objeto de investigación
por parte de Naciones Unidas, posean constituciones que amparan suficientemente
los derechos humanos fundamentales, y que no hayan podido completar el
proceso de ratificación por razones de política interna.
Finalmente, parece prudente que sean descalificados de la elección
a puestos en conferencias y otras reuniones de la Comisión de Derechos
Humanos los estados miembros que, habiendo ratificado las convenciones
internacionales, sean objeto de investigación por violaciones graves
de derechos humanos. Esta medida impedirá la idea extendida según
la cual las reuniones son una farsa.
C. MEJORAR LA CONDICIÓN DE LA MUJER
La creación de una civilización mundial pacífica
y sostenible sería imposible sin el concurso pleno de la mujer
en todas las parcelas del quehacer humano.35 El que esta proposición
logre cada vez mayor respaldo no impide que haya una diferencia acusada
entre el asentimiento racional y su cumplimiento.
Es hora de que las instituciones del mundo, compuestas sobre todo por
hombres, hagan valer su influencia para promover la incorporación
sistemática de mujeres, no por condescendencia o supuesto autosacrificio,
sino como un acto motivado por la creencia de que la contribución
de la mujer es requisito para que avance la sociedad.36 Sólo conforme
la contribución de la mujer sea valorada se la buscará e
incorporará al tejido social. El resultado será una civilización
más pacífica, equilibrada, justa y próspera.37
Las diferencias biológicas obvias entre los sexos no tienen por
qué ser causa de desigualdad o desunión. Antes bien, son
un aspecto de la complementariedad. Si el papel de la mujer como madre
fuera valorado adecuadamente, su trabajo en la crianza y educación
de los hijos sería respetado y gratificado en consecuencia. También
debería reconocerse que el papel en la crianza de los hijos no
merma la capacidad de liderazgo, ni rebaja la capacidad intelectual, científica
o creativa. Si acaso lo contrario, bien puede ser un realce.
Creemos que el progreso en algunos frentes vitales tendría una
repercusión formidable en el avance de la mujer. Compartimos las
siguientes perspectivas que sirven de base y preludio a las recomendaciones
que damos a renglón seguido.
Primero y por encima de todo, la violencia contra la mujer y las niñas,
uno de los abusos más extendidos y flagrantes de los derechos humanos,
debe ser erradicada. La violencia ha sido una dura realidad para muchas
mujeres de todo el mundo, al margen de raza, clase o educación.
En numerosas sociedades, la creencia tradicional según la cual
las mujeres son inferiores o suponen una carga las convierte en blancos
cómodos de la ira y frustración. Incluso la aplicación
de fuertes medidas legales y dispositivos para su cumplimiento carecerá
de efectos importantes si no vienen respaldadas por una transformación
de las actitudes masculinas. Las mujeres no van a sentirse seguras hasta
que no se implante una nueva conciencia social que considere vergonzosa
la mera expresión de condescendencia hacia ellas, ya no se diga
de violencia física.
Segundo, la familia continúa siendo el pilar de la sociedad. La
conducta que en ella se observa y aprende se ve proyectada a todos los
demás niveles de interacción social. Por tanto, los miembros
de la institución familiar deben ser transformados de modo que
se interiorice el principio de igualdad entre el hombre y la mujer. Por
otra parte, si los vínculos de amor y unidad logran reforzar las
relaciones familiares, las consecuencias trascenderán los límites
de ésta y afectarán al conjunto de la sociedad.
Tercero, aunque la meta global de toda sociedad debe ser la educación
de todos sus miembros, en esta etapa de la historia humana la mayor necesidad
radica en la educación de las niñas.38 Estudios llevados
a cabo durante más de veinte años han demostrado fehacientemente
que de todas las formas de inversión posibles es la educación
de las niñas la que arroja mayores dividendos medidos en forma
de desarrollo social, eliminación de pobreza y progreso comunitario.39
Cuarto, el diálogo global sobre el papel del hombre y la mujer
debe promover el reconocimiento de la complementariedad intrínseca
de los dos géneros. Pues las diferencias entre ellos son la afirmación
natural de la misma necesidad de que hombres y mujeres trabajen a una
para que, madurando sus capacidades, impulsen la civilización y
perpetúen la especie. Tales diferencias son inherentes al carácter
interactivo de su común humanidad. El diálogo requiere que
se consideren las fuerzas históricas que han conducido a la opresión
de la mujer y examinen las nuevas realidades sociales, políticas
y espirituales que están transformando nuestra civilización.
Como punto de partida de este diálogo ofrecemos la siguiente analogía
extraída de los Escritos Bahá'ís: "El mundo
de la humanidad posee dos alas: una es la mujer, y la otra el hombre.
Hasta que las dos alas no estén igualmente desarrolladas el ave
no podrá volar. Si una de las alas permanece débil, el vuelo
será imposible."40 Proponemos además las tres medidas
siguientes:
1. Aumentar la participación de la mujer en las delegaciones de
los estados miembros
Recomendamos que los estados miembros sean alentados a nombrar mayor número
de mujeres como embajadoras o en puestos diplomáticos semejantes.
2. Animar a la ratificación universal de los convenios internacionales
que protegen los derechos de la mujer
y mejoran su condición jurídica y social
Al igual que ocurre con los convenios de derechos humanos, el Secretario
General y todos los cuerpos de Naciones Unidas deberían aprovechar
toda ocasión para animar a los estados miembros a que den pasos
hacia la ratificación de los convenios y protocolos que protegen
los derechos de la mujer y persiguen su mejora.
3. Planificación del cumplimiento de la Plataforma
de Acción de Pekín
La declaración de Estrategias de Futuro adoptadas en la conferencia
de Nairobi fue tremendamente audaz e imaginativa; su cumplimiento, sin
embargo, ha sido bastante ineficaz.41 Creemos que debe aprenderse la lección
de esta experiencia desgraciada y que corresponde adoptar planes para
garantizar que no corra idéntica suerte la Plataforma de Acción
que resulte de la conferencia de Pekín.
Proponemos que se establezca un sistema de supervisión con el fin
de preparar informes sobre estatus que den cuenta del cumplimiento de
las medidas adoptadas, que contengan representaciones anuales dirigidas
a la Asamblea General, y en los que se reflejen los veinte países
que mejor y peor las cumplen.
D. ACENTUAR EL DESARROLLO MORAL
El proceso por el que los seres humanos se integran en grupos cada vez
más grandes, aunque influido por la cultura y la geografía,
ha sido impulsado fundamentalmente por la religión, el factor más
potente para el cambio de la conducta y actitudes humanas. Ahora bien,
por religión queremos significar la base esencial y la realidad
de la religión, no los dogmas e imitaciones ciegas que de forma
gradual han ido incrustándose en ella y que han sido causa de su
declive y desaparición.
En palabras de 'Abdu'l-Bahá: "La civilización material
es como el cuerpo. Por muy grácil, elegante y hermoso que sea,
está muerto. La civilización divina es como el espíritu,
y el cuerpo recibe su vida del espíritu... Sin el espíritu
el mundo de la humanidad carece de vida".42
La idea de promover valores morales específicos puede resultar
controvertida, sobre todo en esta época de relativismo humanista.
No obstante, creemos firmemente que existe un conjunto común de
valores cuyo reconocimiento se ha visto oscurecido por quienes por razones
políticas exageran diferencias menores propias de las prácticas
religiosas o culturales.43 Estas virtudes esenciales, enseñadas
por todas las comunidades espirituales, constituyen el eje del desarrollo
moral.
Al reflexionar sobre los aspectos comunes inherentes a todos los grandes
sistemas religiosos y morales del mundo, se pone de manifiesto que cada
uno propugna la unidad, la colaboración y la armonía entre
las gentes, establece pautas de comportamiento responsable y apoya el
desarrollo de virtudes, que son la base de interacciones ajustadas a principio
y hechas posibles por la confianza mutua.44
1. Promover el desarrollo de currículos para la educación
moral en las escuelas
Abogamos por la realización de una campaña que promueva
el desarrollo moral. Expresado llanamente, la campaña deberá
apoyar y animar a que las comunidades locales de todo el mundo incorporen
la dimensión moral a sus iniciativas de educación infantil.
Para ello quizá sea menester celebrar conferencias, publicar materiales
adecuados y acometer muchas otras actividades de apoyo, todas las cuales
constituyen una sólida inversión para la generación
que viene.
Unos pocos y sencillos preceptos darían comienzo a la campaña
de desarrollo moral. Por ejemplo: rectitud de conducta, honradez y honestidad
son los ejes de la estabilidad y progreso; el altruismo debe guiar todo
esfuerzo humano, a tal punto que la sinceridad y respeto hacia los derechos
de los demás se conviertan en parte integral de la conducta personal;
el servicio a la humanidad es la verdadera fuente de felicidad, honor
y sentido de la vida.
Creemos también que la campaña prosperará sólo
en la medida en que se aproveche también la fuerza de la religión.
La doctrina de la separación entre iglesia y estado no debería
utilizarse como escudo para cerrar el paso a su saludable influencia.
En concreto, las comunidades religiosas deberán sumarse a esta
empresa en calidad de compañeras de trabajo.
Según vaya avanzando, la campaña deberá acelerar
un proceso de potenciación individual que transforme el modo como
las gentes, sea cual sea su clase, posición social, origen étnico,
racial o religioso, interactúan en sociedad.
V
HORA DECISIVA PARA TODAS LAS NACIONES:
LLAMAMIENTO A LOS DIRIGENTES MUNDIALES
Hemos llegado a una hora decisiva en el desarrollo de las naciones.
"La unificación de la humanidad es el sello distintivo de
la etapa a que ahora se acerca la sociedad. La unidad de la familia, de
la tribu, de la ciudad estado y de la nación han sido acometidas
sucesivamente hasta ser del todo logradas. Y ahora es la unidad mundial
la meta por la que brega una humanidad hostigada. El proceso de construcción
de naciones ha tocado a su fin. La anarquía inherente a la soberanía
del estado roza ya su apogeo. Un mundo en pos de su mayoría de
edad debe abandonar ese fetiche, reconocer la unidad e integridad de las
relaciones humanas, así como establecer de una vez por todas la
maquinaria que mejor encarne este principio fundamental de su vida".45
Hace un siglo Bahá'u'lláh enseñó que no hay
más que un solo Dios, que no hay más que un solo género
humano, y que todas las religiones del mundo representan etapas en la
revelación de la voluntad y el propósito de Dios para con
la humanidad. Bahá'u'lláh anunció la llegada de una
época, predicha en todas las Escrituras del mundo, cuando la humanidad
presenciaría por fin la unificación de todos los pueblos
en una sociedad pacífica e integrada.
Dijo que el destino humano no reposa meramente en la creación de
una sociedad próspera en lo material, sino también en la
construcción de una civilización mundial donde las personas
sean alentadas a actuar como seres morales que comprenden su propia naturaleza
y son capaces de progresar hacia un grado de realización como ningún
bienestar material puede procurar por sí solo.
Bahá'u'lláh fue de los primeros en emplear la expresión
"nuevo orden mundial" para describir los cambios trascendentales
de la vida mundial política, social y religiosa. "Las señales
de caos y convulsiones inminentes pueden discernirse ahora, por cuanto
el Orden imperante ha demostrado ser lamentablemente defectuoso",
escribió. "Pronto el orden actual será enrollado y
uno nuevo extendido en su lugar".46
A este objeto, Bahá'u'lláh advirtió a los dirigentes
y miembros de la sociedad: "Que nadie se gloríe de que ama
a su propio país, sino más bien de que ama al mundo entero.
La tierra es un solo país y la humanidad sus ciudadanos".47
Por encima de todo, los dirigentes que piensen en la próxima generación
deben estar motivados por un deseo sincero de servir a la comunidad entera
y deben comprender que el liderazgo es una responsabilidad, no un camino
hacia el privilegio. Por largo tiempo la jefatura ha sido entendida, tanto
por los dirigentes como por los seguidores, como un ejercicio de dominio
sobre los demás. Ciertamente, la época actual exige una
nueva definición del liderazgo y un nuevo tipo de dirigentes.48
Esto es cierto especialmente en el terreno político. Para establecer
cierto sentido de confianza, ganarse el respeto e inculcar una afinidad
profunda en los corazones de las gentes de todo el mundo hacia las instituciones
del orden internacional, los dirigentes tendrán que hacer examen
de sus propios actos.
Ayudados por un historial y una integridad personal intachables, deben
restaurar el respeto y confianza en el gobierno. Cuando buscan dar con
la verdad de una situación deben encarnar las características
de la honradez, humildad y sinceridad de propósito. Deben comprometerse
y dejarse guiar de los principios, y ello supone actuar con arreglo a
los más altos intereses que a largo plazo abrigue el conjunto de
la humanidad.
"Que vuestra visión abarque al mundo, antes que confinarla
a vosotros mismos", escribe Bahá'u'lláh. "No os
ocupéis en vuestros intereses; que vuestros pensamientos se fijen
en lo que ha de rehabilitar el destino de la humanidad y santificar el
alma y corazón de los hombres".49
REFERENCIAS
1.- Boutros-Ghali, Boutros 1992. An agenda for Peace [Un Programa de Paz]: Peace-making and Peace Keeping. Report of the Secretary-General Pursuant to the Statement Adopted by the Summit Meeting of the Security Council, 31 de enero, Nueva York, Naciones Unidas.
2.- A buen seguro el preámbulo de la Carta de
Naciones Unidas figura entre los pasajes más inspirados de la historia
de la gobernación:
"NOSOTROS, LOS PUEBLOS DE LAS NACIONES UNIDAS
resueltos
a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, que
dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufrimientos
indecibles
a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad
y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres
y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas;
a crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el
respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes
del derecho internacional;
a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un
concepto más amplio de libertad.
Y con tales finalidades
a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos, a unir
nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales;
a asegurar, mediante la aceptación de principios y la adopción
de métodos, que no se usará la fuerza armada sino en servicio
del interés común, y
a emplear un mecanismo internacional para promover el progreso económico
y social de todos los pueblos,
HEMOS DECIDIDO AUNAR NUESTROS ESFUERZOS PARA REALIZAR ESTOS DESIGNIOS.
Por tanto, nuestros respectivos Gobiernos, por medio de representantes
reunidos en la ciudad de San Francisco que han exhibido sus plenos poderes,
en la presente Carta de las Naciones Unidas, y por este acto establecen
una organización internacional que se denominará las Naciones
Unidas".
Carta de Naciones Unidas, versión castellana aparecida en Roberto
Mesa (comp.), La sociedad internacional contemporánea, Documentos
básicos, vol.1, Madrid, Taurus, 1982, pp.83-84.
3.- El Banco Mundial. 1994. World Development Report. (Oxford: Oxford University Press.), pp.162-163
4.- Existe cierto número de propuestas que argumentan
la necesidad de reformas dentro del sistema de Naciones Unidas en áreas
temáticas especiales. El informe Our Common Future, de la Comisión
Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo, sugiere por ejemplo, cierto
número de cambios, como la creación de una "Junta para
el Desarrollo Sostenible", que coordinaría las actividades
de Naciones Unidas destinadas a promover el desarrollo y a proteger al
mismo tiempo el medio ambiente.
Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo, Our Common
Future. (Oxford: Oxford University Press, 1987.)
Del mismo modo, el informe de la Comisión Brandt, Common Crisis
North-South: Co-operation for World Recovery", ofrece sugerencias
de reformas en la esfera vital de las finanzas, comercio y energía,
que tanto afectan a los desequilibrios entre Norte y Sur.
Comisión Brandt, Common Crisis North-South: Co-operation for World
Recovery. (Londres: Pan Books, 1983.)
El repertorio de obras que proponen amplios cambios dentro de Naciones
Unidas es asimismo voluminoso y no deja de aumentar, especialmente en
anticipación del quincuagésimo aniversario de Naciones Unidas.
Las primeras grandes valoraciones críticas de Naciones Unidas comenzaron
en los años 50, adelantándose al décimo aniversario
de la Carta. En este sentido la publicación en 1958 de World Peace
through World Law a cargo de Louis B. Sohn y Grenville Clark, que contiene
una de las propuestas más sólidas para la eliminación
del derecho de veto, debe considerarse un hito.
Grenville Clark, y Louis B. Sohn, World Peace Through World Law. (Cambridge,
Mass.: Harvard University Press, 1966.)
Algunas propuestas más recientes oscilan desde la Iniciativa de
Estocolmo, que ofrece una visión generalista de lo que podría
hacerse para reforzar Naciones Unidas, a la obra de Harold Stassen, United
Nations: a Working Paper for Restructuring, que ofrece una propuesta artículo
por artículo con una nueva redacción de la Carta de Naciones
Unidas. El último libro de Benjamin Ferencz, New Legal Foundations
for Global Survival, ofrece una serie de sugerencias reformistas, de corte
legal y práctico, inspiradas en la premisa de que las naciones,
pueblos y personas deben ser libres de seguir sus designios como vean
apropiado, siempre que ello no trabe ni destruya los derechos fundamentales
de los demás a vivir en paz y con dignidad.
The Stockolm Initiative on Global Security and Governance 1991. Common
Responsibility in the 1990's. (Estocolmo: Prime Minister's Office, Estocolmo,
Suecia.)
Harold Stassen, United Nations: A Working Paper for Restructuring. (Minneapolis:
Learner Publications Company, 1994.)
Benjamin Ferencz, New Legal Foundations for Global Survival (Nueva York:
Oxford University Press, 1995.)
5.- The Commission on Global Governance, Our Global Neighborhood (Nueva York: Oxford University Press, 1995.)
6.- Muchos pensadores han reconocido la realidad de la
unidad, conscientes de sus repercusiones para el desarrollo de la sociedad.
Entre ellos figura el paleontólogo Richard Leaky: "Somos una
especie, un pueblo. Cada individuo de esta tierra es un miembro de la
especie "homo sapiens, sapiens", y las variaciones geográficas
que vemos entre los pueblos son simples matices biológicos sobre
un mismo tema de fondo. La capacidad humana para hacer cultura permite
su elaboración por vías diferenciadas y atrayentes. Las
diferencias entre culturas, a veces hondas, no deberían ser vistas
como divisiones entre pueblos. Antes bien, las culturas debieran interpretarse
como lo que son en verdad: la declaración última de pertenencia
a la especie humana".
Richard E. Leakey, y Rodger Lewin, Origins: What New Discoveries Reveal
about the Emergence of our Species and its Possible Future. (Nueva York:
Dutton, 1977.)
En términos generales, los escritos de Shoghi Effendi ofrecen una
exposición extensa y completa sobre el concepto de la unidad de
la humanidad. Un resumen breve del concepto, tal como lo ven los bahá'ís,
puede encontrarse en The World Order of Bahá'u'lláh (Wilmette,
Ill.: Bahá'í Publishing Trust. 1938.) pp.42-43.
7.- No somos los únicos en formular esta propuesta.
La Comisión sobre Gobernación Global escribe en Our Global
Neighborhood: "Nuestra recomendación es que la Asamblea General
se avenga a celebrar en 1998 una Conferencia Mundial sobre Gobernación,
cuyas decisiones se ratificarían y entrarían en vigor antes
del año 2000".
The Report of the Commission on Global Governance, Our Global Neighborhood
(Nueva York: Oxford University Press. 1955.) p.351.
8.- Dos máximas de uso muy extendido ilustran
este principio: "Lo pequeño es hermoso", una máxima
acuñada a principios de los años setenta como pauta económica,
que vale igualmente para la gobernación. Schumacher explica: "En
los asuntos humanos siempre parece existir la necesidad simultánea
de dos cosas que, a primera vista, resultan incompatibles y mutuamente
excluyentes: libertad y orden. Necesitamos la libertad de un grandísimo
número de unidades autónomas, y, al mismo tiempo, el orden
de la unidad y coordinación a gran escala, posiblemente a una escala
global".
Schumacher, E.F., Small is Beautiful: Economics as if People Mattered
(Nueva York: Harper and Row, 1973.) p.65 [versión castellana Lo
pequeño es hermoso, Madrid, Hermann Blume, 1984].
"Piensa global, actúa local", es un eslogan promovido
por los activistas de la ecología y desarrollo comunitario que
resume la perspectiva según la cual la necesidad de coordinación
global debe equilibrarse cuidadosamente a tenor de la necesidad de autonomía
local y nacional.
9.- "Lejos de tender a la subversión de los
cimientos de la sociedad actual, [un sistema de gobernación mundial]
trata de ampliar su base, de amoldar sus instituciones en consonancia
con las necesidades de un mundo en constante cambio. No está reñido
con compromisos legítimos ni socava lealtades fundamentales. Su
propósito no es ni sofocar en el corazón del hombre la llama
de un sano e inteligente patriotismo, ni abolir el sistema de autonomía
nacional, tan esencial cuando se procura evitar los males de un excesivo
centralismo. No desatiende ni intenta suprimir la diversidad de orígenes
étnicos, de climas, de historia, de idioma y de tradición,
de pensamiento y de costumbres que distinguen a los pueblos y naciones
del mundo. Insta a una lealtad más amplia, a un anhelo mayor que
cualquiera de los que haya sentido la especie humana. Insiste en la subordinación
de móviles e intereses nacionales a las imperativas aspiraciones
de un mundo unificado. Por una parte, repudia el centralismo excesivo;
y por otra, rechaza todo intento de uniformidad".
Shoghi Effendi, The World Order of Bahá'u'lláh, (Wilmette,
Ill.: Bahá'í Publishing Trust. 1974.) pp.41-42.
10. En los años treinta, Shoghi Effendi, quien
por entonces era cabeza visible de la comunidad mundial bahá'í,
esbozó algunas de las funciones y responsabilidades de un poder
legislativo mundial. Entre otras cosas escribía: "Un poder
legislativo mundial, cuyos miembros, en su calidad de fideicomisarios
de la humanidad entera... pondrán en vigor las leyes precisas para
regular su vida, satisfacer las necesidades y ajustar las relaciones de
todas las razas y pueblos".
Shoghi Effendi, The World Order of Bahá'u'lláh (Wilmette,
Ill.: Bahá'í Publishing Trust. 1974.) p.203.
Este punto de vista es compartido por estudiosos como Jan Tinbergen, ganador
en 1969 del Premio Nobel de Economía, quien afirmó: "Los
problemas de la humanidad ya no pueden resolverse a base de gobiernos
nacionales. Lo que hace falta es un Gobierno Mundial. Y éste puede
conseguirse si se refuerza el sistema de Naciones Unidas".
United Nations Development Programme (UNDP). Human Development Report
1994. Global Governance for the 21st Century. (Nueva York: Oxford University
Press.) p.88.
11. Bahá'í International Community. Proposals to the United Nations for Charter Revision. 23 de mayo de 1955.
12. A través de Sus escritos Bahá'u'lláh
utiliza de manera congruente los términos "orden", "orden
mundial" y "nuevo orden mundial" para describir los cambios
continuos y trascendentales que están ocurriendo en la vida política,
social y religiosa del mundo. Hacia finales de los años sesenta
del siglo pasado, escribió: "El equilibrio del mundo ha sido
trastornado por la vibrante influencia de este grandioso, este nuevo Orden
Mundial. La vida ordenada de la humanidad ha sido revolucionada por obra
de este único y maravilloso Sistema, nada semejante al cual ojos
mortales jamás han presenciado".
Bahá'u'lláh, The Kitáb-i-Aqdas. Traducido por Shoghi
Effendi y un Comité del Centro Mundial Bahá'í. (Haifa:
Centro Mundial Bahá'í, 1992.)
13. 'Abdu'l-Bahá, El secreto de la civilización divina, Buenos Aires, EBILA, 1986, pp.29-30.
14. United Nations Research Institute for Social Development (UNRISD), States of Disarray: The social effects of globalization (Londres: KPC Group.1995.) pp.106-109.
15. Existen numerosas vías por las que una Comisión
semejante, o incluso el propio Poder Legislativo Mundial, podría
acometer la delimitación de fronteras justas para todas las naciones.
Por abrumadora que parezca la tarea, ésta reviste gran importancia
para el proceso de construcción de un nuevo orden. 'Abdu'l-Bahá
escribe: "La verdadera civilización desplegará su estandarte
en el mismísimo corazón del mundo cuando cierto número
de sus distinguidos y magnánimos soberanos -ejemplos brillantes
de devoción y denuedo- se levanten por el bien y la felicidad de
toda la humanidad, con firme resolución y clara visión,
con miras a establecer la Causa de la Paz Universal. Deberán hacer
de la Causa de la Paz el objeto de una consulta general, y procurar por
todos los medios a su alcance establecer la Unión de las naciones
del mundo. Deberán concluir un tratado vinculante y establecer
un convenio cuyas disposiciones sean sólidas, inviolables y definitivas.
Deberán promulgarlo ante todo el mundo y recabar para él
la sanción de todo el género humano. Esta empresa, noble
y suprema -verdadera fuente de paz y bienestar para el mundo entero- deberá
ser considerada sagrada por la totalidad de cuantos habitan la tierra.
Todas las fuerzas de la humanidad habrán de movilizarse para asegurar
la estabilidad y permanencia de este Más Grande Convenio. En este
Pacto universal los límites y fronteras de cada nación quedarán
fijados claramente, los principios fundamentales de las relaciones entre
los gobiernos serán definitivamente establecidos, y todos los acuerdos
y obligaciones internacionales quedarán estipulados. Asimismo,
el arsenal de cada gobierno habrá de ser estrictamente limitado,
pues si se consintiera el aumento de las fuerzas y preparativos de guerra
de cualquier nación, ello levantaría las sospechas de los
demás. El principio fundamental sobre el que reposa este Pacto
solemne deberá ser fijado de modo tal que si en lo sucesivo un
gobierno violase cualquiera de sus disposiciones, todos los demás
gobiernos de la tierra deberían alzarse para reducirlo a completa
sumisión; más aún, el conjunto de toda la humanidad
debería decidir, con todas las fuerzas a su disposición,
aniquilar tal gobierno. De aplicarse éste el más grande
de los remedios al cuerpo enfermo del mundo, a buen seguro se repondrá
de sus males y permanecerá eternamente seguro y a salvo".
'Abdu'l-Bahá, The Secret of Divine Civilization, Trans. Marzieh
Gail. (Wilmette, Ill.: Bahá'í Publishing Trust. 1957.) pp.64-65.
16. Según un artículo recientemente publicado
en The New York Times, en los Estados Unidos las donaciones caritativas
aumentaron un 3.6 %, totalizando 130.000 millones de dólares.
Karen W. Arenson, "Charitable Giving Rose 3.6 % in 1994, Philanthropy
Trust Says", The New York Times, jueves 25 de mayo de 1995, sec.
A, p.22.
17. "En cuanto a todo el asunto del Idioma Internacional
() Nosotros, en tanto bahá'ís, ansiamos ver que se adopta
sin demora un idioma internacional auxiliar; no abanderamos la candidatura
de ningún idioma. Si los gobiernos del mundo acuerdan elegir un
idioma existente para su uso internacional, u otro construido al efecto,
de buen grado le extenderemos nuestro apoyo, pues deseamos ver cómo
cuanto antes se adopta este paso en la unificación del género
humano".
Shoghi Effendi, Directives from the Guardian (Wilmette, Ill.: Bahá'í
Publishing Trust.) p.39.
Al formular esta propuesta deseamos llamar la atención sobre el
término "auxiliar". Las enseñanzas bahá'ís
valoran y promueven la diversidad cultural, no la uniformidad. En este
momento histórico no contemplamos la posibilidad de imponer un
idioma mundial. Antes bien, imaginamos que los pueblos y naciones han
de mantener sus idiomas locales y nacionales, al propio tiempo que son
alentados a adquirir el idioma universal. Ciertamente tal idioma universal
acabará enseñándose como disciplina obligatoria en
todas las escuelas del mundo. Pero ello no debería en modo alguno
ir en detrimento de las legítimas expresiones lingüísticas
locales y nacionales, o de la diversidad cultural.
18. "Se aproxima el día cuando todos los
pueblos del mundo habrán adoptado un idioma universal y un sistema
común de escritura", escribió Bahá'u'lláh
a fines del siglo pasado. "Cuando esto haya sido logrado, cualquiera
que sea la ciudad a la que un hombre viaje, será como si entrara
en su propio hogar".
Shoghi Effendi, trad. Gleanings from the Writings of Bahá'u'lláh.
(Wilmette, Ill.: Bahá'í Publishing Trust. 1983.) p.250.
19. En una "aportación especial" al
Informe de Desarrollo Humano de 1994, James Tobin, ganador del Premio
Nobel de Economía de 1981, apunta que una "moneda única
y permanente" eliminaría gran parte si es que no todas las
turbulencias relacionadas con el impresionante cúmulo de especulación
que hay en los mercados mundiales. Tras hacer notar que tal moneda única
mundial está aún muy lejos de ser realidad, propone como
medida provisional un "impuesto internacional uniforme" para
las transacciones cambiarias puntuales.
United Nations Development Programme (UNDP). Human Development Report
1994. A Tax on International Currency Transactions. (Nueva York: Oxford
University Press.) p.70.
20. El principio de la seguridad colectiva fue planteado
por Bahá'u'lláh hace ya un siglo en sus cartas dirigidas
a los reyes y gobernantes del mundo: "Sed unidos, oh reyes de la
tierra, pues en gracia a ello se apaciguará la tempestad de discordias
que hay entre vosotros, y vuestros pueblos hallarán descanso, ojalá
que fueseis de los que entienden. Si alguno de vosotros tomara las armas
contra otro, alzaros todos contra él, pues ello no es sino justicia
manifiesta".
Shoghi Effendi, trad. Gleanings from the Writings of Bahá'u'lláh.
(Wilmette, Ill.: Bahá'í Publishing Trust. 1976.) p.254.
21. El informe del Independent Working Group on the Future of the United Nations. The United Nations in its Second Half-Century. (Yale University Press Service, 1995.) p.16.
22. Glenview Foundation, The Stassen Draft Charter for
a New United Nations to Emerge from the Original, to Serve World Peace
and Progress for the Next Forty Years. (Philadelphia: Glenview Foundation.
1985.)
Grenville Clark y Louis B. Sohn, World Peace Trough World Law. (Cambridge,
Mas.: Harvard University Press, 1966.)
Keith Hindell, "Reform of the United Nations?", en The World
Today: Journal of the Royal Institute of International Affairs. (Reino
Unido, Feb. 1992.) Vol. 48, No. 2, pp.30-33.
John Logue, "New World Order Means Reformed U.N.", World Federalist
News, julio 1992.
Benjamin B. Ferencz y Ken Keyes Jr., Planethood: The Key to Your Future.
(Coos Bay, Oregon: Love Line Books. 1991.)
Boutros-Ghali, Boutros. 1992. An agenda for Peace: Peace-making and Peace-Keeping.
Report of the Secretary-General Pursuant to the Statement Adopted by the
Summit Meeting of the Security Council, 31 de enero, Nueva York, Naciones
Unidas.
23. Lo cual no significa que la prohibición de estos armamentos deba aguardar al desarrollo completo y despliegue de tal Fuerza. Apoyamos sin reservas los pasos que actualmente vienen dándose para renovar el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, así como para establecer una prohibición firme y exhaustiva de las pruebas nucleares, y cuantos esfuerzos vayan encaminados a eliminar las armas nucleares, químicas o biológicas. Igualmente, deben realizarse mayores esfuerzos para restringir el empleo de armas convencionales tales como minas, responsables de muertes indiscriminadas.
24. Mahbub ul Haq, 1994. Consejero Jefe del Administrador de UNDP, Jefe de Equipo del Grupo que prepara los Informes de Desarrollo Humano del UNDP, entidad que en los últimos años ha aportado nuevos puntos de vista en torno a la teoría y práctica del desarrollo y un nuevo concepto sobre la seguridad humana.
25. Erskine Childers, ed. Challenges to the United Nations: Building a Safer World. (Nueva York: St. Martin's Press. 1994.) pp.21-25.
26. John Huddleston, The Search for a Just Society. (Kidlington, Oxford: George Ronald. 1989.)
27. Hace 75 años 'Abdu'l-Bahá ofreció
las siguientes sugerencias para el futuro tribunal mundial: "...
las asambleas nacionales de cada país o nación -es decir,
los parlamentos- deberán elegir dos o tres personas de entre lo
más selecto de esa nación, personas que estén bien
versadas sobre leyes internacionales y relaciones entre gobiernos, y sean
conscientes de las necesidades esenciales del mundo de la humanidad en
este día. El número de representantes debería ser
proporcional al número de habitantes de cada país. La elección
de estas almas escogidas por la asamblea nacional, esto es, el parlamento,
debe ser confirmada por la cámara alta, el congreso y el gabinete,
así como también por el presidente o monarca, de manera
que estas personas sean las elegidas de toda la nación y del gobierno.
El Tribunal Supremo se compondrá de estas personas, por lo que
toda la humanidad tendrá una participación en él,
ya que cada uno de estos delegados representará plenamente a su
nación. Cuando, ya sea por unanimidad o por mayoría, emita
un fallo el Tribunal Supremo sobre cualquier asunto internacional, no
habrá pretexto alguno para el demandante ni fundamento para la
impugnación del acusado. En caso de que alguno de los gobiernos
o naciones se muestre negligente o dilatorio en la ejecución de
la irrefutable decisión del Tribunal Supremo, el resto de las naciones
se levantarán en contra, ya que todos los gobiernos y naciones
del mundo son los que sostienen a este Tribunal Supremo. Considerad qué
cimientos tan firmes son éstos. Sin embargo, mediante una Liga
limitada y condicionada, el propósito no se cumplirá como
debería".
Selections from the Writings of 'Abdu'l-Bahá. Recopilado por el
Departamento de Investigación de la Casa Universal de Justicia.
Traducido por un Comité del Centro Mundial Bahá'í
y Marzieh Gail. (Gran Bretaña: W & J. Mackay Ltd. 1978.) pp.306-307.
28. Actualmente la jurisdicción del Tribunal se limita a: 1) los casos en que las partes se remitan a él por acuerdo especial conjunto, 2) los asuntos relativos a tratados o convenios en vigor que prevean posibles remisiones al Tribunal, y 3) determinadas categorías de disputas entre estados para los que éstos hayan reconocido la jurisdicción vinculante del Tribunal. Europa World Year Book 1994. Vol. I. International Court of Justice, p.22.
29. Shoghi Effendi, Trad. Gleanings from the Writings
of Bahá'u'lláh. (Wilmette, Ill.: Bahá'í Publishing
Trust. 1983.) p.260.
"El requisito primordial y más urgente es el fomento de la
educación. Resulta inconcebible pensar que haya nación capaz
de lograr la prosperidad y el triunfo sin que se promueva este asunto
fundamental y principalísimo. La ignorancia es la razón
principal de la decadencia y caída de los pueblos. Hoy día
la masa de la población está desinformada incluso de los
asuntos ordinarios; menos aún comprende la esencia de las necesidades
y problemas complejos de la hora".
'Abdu'l-Bahá, (The Secret of Divine Civilization. Trad. Marzieh
Gail (Wilmette, Ill.: Bahá'í Publishing Trust. 1957), p.109.
"Esta misma diferencia se aprecia en los animales; algunos están
domesticados e instruidos, otros quedan en estado salvaje. Se comprueba
claramente que el mundo de la naturaleza es imperfecto, en tanto que el
mundo de la educación es perfecto. Es decir, mediante la cultura
y la formación el hombre es rescatado de las exigencias de la naturaleza;
por tanto la educación es necesaria y obligatoria. Pero ésta
es de varias clases. Existe una formación y desarrollo del cuerpo
físico que aporta crecimiento y fortaleza. Existe la educación
intelectual o formación de la mente, a cuyo fin se fundan escuelas
y colegios. La tercera clase de educación es la del espíritu.
Mediante el aliento del Espíritu Santo el hombre es elevado al
mundo de la moralidad e iluminado mediante las luces de los dones divinos.
El mundo moral sólo se alcanza merced a las efulgencias del Sol
de la Realidad y la vida vivificante del espíritu divino".
'Abdu'l-Bahá, charla pronunciada en St. Paul el 20 de septiembre
de 1912. The Promulgation of Universal Peace, pp.329-330.
30. Los gobiernos y sus copartícipes deben tener presente que la igualdad material no es realizable ni deseable. La igualdad absoluta es una quimera. No obstante, en varios puntos del recorrido ha de haber necesidad de efectuar la redistribución de la riqueza mundial. Cada vez se hace más evidente que un capitalismo desenfrenado tampoco contiene la respuesta. Cierta regulación y redistribución es necesaria para promover la justicia material. En este sentido, un impuesto sobre la renta constituye en principio una de las formas más justas y equitativas de lograrlo. También debe reservarse cierto papel al reparto voluntario de la propia riqueza (tanto a nivel individual como institucional). Sin embargo, la igualdad de oportunidades para el progreso y avance económico debe formar parte del tejido del nuevo orden. En última instancia, la forma más importante de regular cualquier sistema económico es la regulación moral que comienza en los corazones y mentes de las personas.
31. El establecimiento del Global Environment Facility (GEF, Centro Global Medioambiental) representa un paso loable en la dirección correcta, y a largo plazo puede resultar provechoso como uno de los instrumentos que sirvan de financiación al Programa 21, a condición de que se redefina su mandato y se amplíe su escala de actividades.
32. Conferencia Mundial de Derechos Humanos. Declaración de Viena y Programa de Acción. 14-25 de junio de 1993. Viena, Austria.
33. Un tratamiento más amplio de este concepto
puede encontrarse en The Prosperity of Humankind, declaración de
la Comunidad Internacional Bahá'í, Oficina de Información
Pública, publicada en febrero de 1995 [la versión castellana
apareció en la misma fecha bajo el título Prosperidad mundial]:
"La actividad más íntimamente ligada a la conciencia,
en tanto capacidad distintiva de la naturaleza humana, es la exploración
de la realidad que la persona realiza por sí misma. La libertad
de investigar el propósito de la existencia, así como la
libertad de desarrollar los dones de la naturaleza humana que lo hacen
alcanzable, requiere protección. Es menester que las personas sean
libres para conocer. Que tal libertad sea objeto de abusos y que éstos
se vean crudamente alentados por ciertos rasgos de la sociedad contemporánea,
no rebaja en modo alguno la validez del impulso mismo.
Es este impulso característico de la conciencia humana el que sustancia
el imperativo moral que lleva a enunciar muchos de los derechos que consagran
la Declaración Universal y los Convenios relacionados. La educación
universal, la libertad de movimiento, el acceso a la información,
y la oportunidad de participar en la vida política son todos aspectos
de su operación que requieren las garantías explícitas
por parte de la comunidad internacional. Lo mismo vale decir de la libertad
de pensamiento y creencias -incluyendo la libertad religiosa-, y del derecho
a tener opiniones y a expresarlas debidamente.
Puesto que el cuerpo de la humanidad es uno e indivisible, cada miembro
de la especie nace al mundo como fianza del conjunto. Este fideicomiso
constituye el cimiento moral de la mayoría de los otros derechos
-principalmente los sociales y económicos- que los instrumentos
de Naciones Unidas tratan de definir de modo semejante. La seguridad de
la familia y del hogar, la propiedad y el derecho a la intimidad están
todos implícitos en tal fideicomiso. Las obligaciones por parte
de la comunidad se extienden a la provisión de empleo, atención
a la salud mental y física, salarios justos, descanso y recreo,
y a toda una legión de otras expectativas razonables que albergan
los miembros de la sociedad.
El principio del fideicomiso colectivo origina, asimismo, el derecho de
toda persona a esperar que las condiciones culturales esenciales para
su identidad gocen de la protección del derecho nacional e internacional.
De forma análoga al papel que desempeña el caudal genético
en la vida biológica de la humanidad y en su entorno, la inmensa
riqueza de diversidad cultural lograda en el curso de milenios resulta
vital para el desarrollo social y económico de una especie humana
en trance de llegar a su mayoría de edad. Representa un patrimonio
al que debe dejarse fructificar en forma de una civilización global.
Por un lado, las expresiones culturales necesitan amparo frente a las
asfixiantes influencias materialistas. Por otro lado, las culturas deben
desarrollar la capacidad de actuar recíprocamente de acuerdo con
las pautas siempre cambiantes de la civilización, y desembarazadas
de la manipulación con fines políticos partidistas".
Comunidad Internacional Bahá'í. Oficina de Información
Pública, Prosperidad mundial (Haifa: Centro Mundial Bahá'í.
1995.)
34. El respeto de los derechos humanos debe comenzar
por la familia: "Compárese las naciones del mundo a los miembros
de una familia. Una familia es una nación en miniatura. Simplemente
amplíese el círculo de la casa, y se obtiene la nación.
Amplíese el círculo de las naciones, y se obtiene a toda
la humanidad. Las condiciones que rodean a la familia, rodean a la nación.
Los acontecimientos que ocurren en la familia son acontecimientos en la
vida de la nación. ¿Contribuirá al progreso y avance
de la familia el surgimiento de disensiones entre sus integrantes, el
que todos pugnen entre sí, se entreguen al pillaje, celosos y vengativos
del daño causado, y busquen su provecho egoísta? Al contrario,
ello originaría la aniquilación del progreso. Del mismo
modo ocurre en la gran familia de naciones; pues las naciones no son sino
la suma de las familias. Por consiguiente, tal y como la contienda y las
disensiones destruyen la familia y coartan su progreso, del mismo modo
se destruyen las naciones y su progreso es atajado".
'Abdu'l-Bahá, The Promulgation of Universal Peace: Talks Delivered
by 'Abdu'l-Bahá during His Visit to the United States and Canada
in 1912. Comp. Howard MacNutt. (Wilmette, Ill.: Bahá'í Publishing
Trust. 1982.) p.157.
35. "Cuando la humanidad toda haya recibido las
mismas oportunidades educativas y se haya conseguido la igualdad del hombre
y la mujer, los cimientos de la guerra quedarán completamente eliminados.
Sin la igualdad tal cosa será imposible, pues todas las diferencias
y distinciones llevan a la lucha y a la discordia. La igualdad entre el
hombre y la mujer conduce a la abolición de la guerra, debido a
que las mujeres nunca estarán dispuestas a sancionarla. Las madres
no entregarán sus hijos como sacrificio en los campos de batalla
tras haber pasado veinte años de ansiedades y amorosa entrega para
criarlos desde la infancia, no importa cuál sea la causa que se
les llame a defender. Al obtener la igualdad de derechos, no cabe duda
de que la guerra entre los hombres cesará por completo".
'Abdu'l-Bahá, The Promulgation of Universal Peace. Comp. Howard
MacNutt. (Wilmette, Ill.: Bahá'í Publishing Trust. 1982.)
pp.174-175.
36. "Y sépase, una vez más, que hasta
que el hombre y la mujer reconozcan y lleven a cabo la igualdad, no será
posible el progreso social y político aquí o en cualquier
otra parte. Pues el mundo de la humanidad consta de dos partes o miembros:
uno es la mujer; el otro es el hombre. Hasta tanto estos dos miembros
no sean iguales en fortaleza, no podrá ser establecida la unidad
de la humanidad, ni la dicha y felicidad del género humano serán
realidad. Dios mediante, así será". De una charla pronunciada
por 'Abdu'l-Bahá ante la Federación de Clubes de Mujeres,
Chicago, Illinois, 2 de mayo de 1912.
'Abdu'l-Bahá, The Promulgation of Universal Peace. (Wilmette, Ill.:
Bahá'í Publishing Trust. 1982.) p.77.
37. "El mundo del pasado ha sido gobernado por la
fuerza, y el hombre ha dominado a la mujer debido a sus cualidades más
potentes y agresivas, tanto físicas como mentales. Pero el equilibrio
está variando, la fuerza está perdiendo su dominio, y la
viveza mental, la intuición y las cualidades espirituales de amor
y servicio, en las que la mujer es fuerte, están ganando en poder.
En adelante tendremos una época menos masculina y más influida
con ideales femeninos o, para explicarnos más exactamente, será
una época en la que los elementos masculinos y los femeninos de
la civilización estarán más equilibrados".
'Abdu'l-Bahá, citado por John E. Esslemont, 37. Bahá'u'lláh
y la nueva era, Terrassa, Editorial Bahá'í de España,
1976, p.178.
38. En cuanto al acceso a la educación, el principio según el cual las mujeres y las hijas deberían recibir prioridad sobre hombres e hijos ha sido un principio tradicional de las enseñanzas bahá'ís. En 1912 manifestaba 'Abdu'l-Bahá en una alocución: "Al pro